IVANCITO JOSEPH – EL QUEDABIEN.

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BARRA LIBRE.

Alfredo Quezada Hernández.

IVANCITO JOSEPH – EL QUEDABIEN.

El inquilino de la avenida Américas # 84, Iván Joseph Luna Landa, apa nombrecito, un inverbe sujeto que no arregla ni su escritorio, anda queriendo quedar bien con la señora Norma Rocío Nahle, a grado tal que ha convertido las oficinas administrativas de la Coordinación General de Comunicación Social en un negocio de ploteo donde, así, a lo vale madre, se sacan las lonas para la campaña de la distinguida fuereña.

Dicen los que saben que ese es el nuevo bunker de la zacatecana, la misma que nació un 14 de abril de hace algunos ayeres.

Por lo que se aprecia el flamante servidor público ambiciona continuar pegado al presupuesto y así no vivir en el error, ya le gusto la buena vida.

Lo curioso es que, de un manotazo, la ingeniera petrolera bloqueó los sueños guajiros del diseñador gráfico, a quien bajó de la diputación local por el Décimo distrito.

«A ese barba de chivo no lo quiero en la Legislatura», dicen que muy claramente expresó la Nahle al desbarrancar al tal Joseph.

Sus cercanos resaltan que, a Luna Landa, lo ha invadido el nerviosismo, la desesperación al ver frustrada su ambición electoral, por eso a toda costa busca congraciarse con la oriunda de Río Grande y así continuar disfrutando de «las mieles del pinche poder».

Pero eso no es todo, cuentan en los pasillos de Palacio de Gobierno que un personaje del pasado quiso agasajar a Joseph con la única esperanza, por no decir ambición, de conseguir un buen convenio publicitario, invitándole a comer mariscos, de los del mar, no sea mal pensado.

Precisan que cuando Ivancito probó una lámina de caracol fileteado con cebolla morada y aderezado con aceite de oliva, no quiso quedarse con la duda y le preguntó al anfitrión: ¿Y eso que es? ante tal cuestionamiento la sorpresa invadió al casero y muy disimuladamente desdibujo la sonrisa burlona.

Nunca en la vida Ivancito su paladar había probado una exquisitez del mar como es el caracol. Sus cercanos aseguran que lo suyo era la sardina, en agua de tomate, enlatada.

Quizá por eso hoy en día Ivancito no sale del «Vinisimo» del Gordo Valencia, quien, por cierto, ya es representante popular federal. Como se puede observar atrás quedaron esos tiempos de comer retazos de jamón embadurnados en un duro bolillo y ablandado con chiles en vinagre.

Ya veremos si en los meses venideros, una vez que el hijo de Atanasio entregue el cargo, Iváncito sigue aposentado sus escurridos glúteos en ese caro comedero.

Provecho.

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