El Baldón: México jamás pierde una oportunidad.

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José Miguel Cobián


Hacer una lista de oportunidades perdidas para México, es un trabajo interminable.   El motivo de esta colaboración es platicar sobre la vocación de los mexicanos para tomar siempre la peor decisión.   Yo medio en serio y medio en broma siempre digo que los mexicanos jamás perdemos la oportunidad de perder una oportunidad, y a las pruebas me remito.

Sin seguir un orden cronológico, podemos platicar de la belleza que tendría la ciudad de México si se hubieran conservado las principales vías de agua de la capital, pensemos en un viaducto o el río Churubusco, que se hubieran conservado en lugar de taparlo o entubarlos.

Si pensamos en la historia de México, si en lugar de las luchas intestinas entre liberales y conservadores, ambos grupos hubieran pensado en beneficiar a la patria, se hubiera colonizado, poblado y atendido el norte de México, evitando perder la mitad de un territorio jamás atendido desde la ciudad de México, y totalmente despoblado de mexicanos.

Pensemos en la riqueza causada por el boom petrolero durante la administración del presidente José López Portillo, que con bombo y platillo anunciaba que tendríamos que aprender a vivir en la abundancia.   Y nos condenó a la peor crisis económica de la historia en la época moderna.

O que pensar del siguiente boom petrolero, durante la administración de Fox y Calderón, con un México inundado de recursos, que se repartieron a nivel estatal y municipal, esfumándose en la nada, en lugar de haber realizado las obras de infraestructura que el México moderno requiere.

Y qué decir de la maravillosa idea llevada a la práctica por Vasconcelos, de educar al país con un sistema de educación de calidad.   Jamás tuvimos esa calidad, y hoy los mexicanos siguen saliendo de las escuelas igual que hace 80 años, sin comprensión lectora, y con mínimos conocimientos de aritmética básica.  Un país mal educado no puede prosperar al mejor ritmo, en un mundo tan comunicado y competitivo.

Salinas de Gortari firmó el tratado de libre comercio.  Una serie de sectores industriales mexicanas lo tomó a la ligera, no se preparó para la competencia que llegaría en 10 años o más.  Hoy esa industria desapareció del mapa.

Fox fue el primer presidente de la transición democrática, y no supo, quiso o pudo, consolidar a México como un país democrático.  Sin democracia, libertad plena y estado de derecho los países no avanzan.

Llega Felipe Calderón y tampoco realiza las reformas que el país necesitaba. En especial una reforma que fortaleciera las policías municipales y estatales, y sobre todo las procuradurías estatales y federal, con recursos y verdadera independencia, y una reforma judicial que eliminara los vicios que hoy conocemos gracias a la denuncia al ex ministro Zaldivar.

Con Peña Nieto se lograron las reformas estructurales para iniciar el despegue del país, pero no se supo explicarlas a la población, y la corrupción de su sexenio echó por tierra la oportunidad de tener un México más moderno.

Llega el presidente López Obrador con un enorme respaldo político, y en lugar de buscar el desarrollo del país, dedica todo su sexenio a fortalecer la figura presidencial y su poder, debilitando o desapareciendo instituciones que sirven de contrapeso a esa figura.  Los países con caudillos fuertes, pero con una democracia débil, siempre salen perdiendo en la carrera por el desarrollo económico y social.

También destruyó la posibilidad de tener un aeropuerto de primer mundo, alegando una corrupción que jamás demostró. Y así inicia su sexenio con una muy mala señal a los inversionistas.   Posteriormente se le causa un daño enorme a México creando por ineptitud, una escases innecesaria de gasolina.   Era el sexenio de consolidación de tratado de libre comercio, y sin embargo, la política energética fue un fracaso.   No se construyeron nuevas líneas de transmisión de electricidad, a pesar de ser este fluido el principal insumo para lograr industrializar otras zonas del país.   Se descuidó la atención a la producción de energía limpia, se desincentivó a los inversionistas internacionales que podían abastecer la demanda futura de electricidad, y peor aún se adquirieron plantas viejas de ciclo combinado de Iberdrola, generando una mayor dependencia del gas texano para la producción de electricidad nacional.

Hoy por hoy, producimos menos electricidad a nivel nacional, de la que pudiéramos haber generado siguiendo una política energética menos ideologizada y más acorde al desarrollo económico proyectado para el país.   Hay zonas de México que no pueden recibir industrias ni capital para invertir, debido a la falta de disponibilidad de energía eléctrica.    Lo que es peor, por motivos oscuros, se cancelaron proyectos como el de la transmisión de electricidad de la Ventosa a la zona central del país.  Se promovió la quema de combustibles contaminantes debido a la ineficiencia de las refinerías de PEMEX para reducir el azufre en el combustóleo y poder venderlo en los mercados internacionales, afectando incluso la salud de millones de mexicanos.

En el sexenio en que se podía aprovechar al 100% la relocalización de empresas o Nearshoring, aprovechamos cuando mucho un 40% de dicha relocalización debido a la ausencia de una política industrial adecuada.   Para los estados del sureste, ha sido un sexenio perdido, sin inversiones ni creación de empleos.

El avance del crimen organizado en el control territorial del país, generado por una política deliberada de ignorar la seguridad pública, ha creado islas de poder en las cuales quienes gobiernan son los criminales, a sabiendas de que la autoridad se va a retirar en cuanto lleguen las bandas criminales, ya que esa es la orden emanada de palacio nacional.   En lugar de pacificar el país, en este sexenio se ha vuelto más peligroso y más violento, lo cual elimina cualquier incentivo para invertir y crear empleos y desarrollo en enormes zonas del país.

En resumen, los mexicanos nos equivocamos una y otra vez, ya sea en la elección del gobernante, o en la toma de decisiones que pueden llevar a México a ser una nación desarrollada, con todos los beneficios que ello implica para una población, que en un 50% carece de lo mínimo necesario.   Jamás se ha combatido la informalidad, que es fuente de abuso y pobreza.   En México lo que importa es la política y adueñarse del presupuesto, la población y el futuro de los mexicanos no le importan a nadie.

www.josecobian.blogspot.com                                                                                      @jmcmex

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