CONGRESO VERACRUZANO: CANDIL DE LA CALLE, OSCURIDAD DE LA CASA, EL RELEVO EN EL ORFIS
- Emite el Congreso convocatoria para elegir a la nueva titularidad del ORFIS, pero la pregunta incómoda es inevitable: ¿hay realmente apertura o las cartas ya están marcadas?
INDICADORES POLÍTICOS
Por Ulín de la Cruz
El Congreso de Veracruz ya puso en marcha el proceso para el relevo de la titularidad del Órgano de Fiscalización Superior del Estado (ORFIS). Sobre el papel, todo parece cumplir con el guion institucional: convocatoria pública, requisitos, registro de aspirantes y un procedimiento que pretende presentarse como transparente y abierto.
Pero en política, como en la vida, no basta con lo que dice el papel. También importa lo que ocurre detrás del escenario.
La convocatoria invita a las y los veracruzanos que consideren contar con el perfil, experiencia y capacidad para participar. La pregunta es: ¿realmente existe la intención de evaluar a todos bajo las mismas condiciones o el resultado ya está decidido antes de que termine el registro?
Porque si el Congreso presume apertura, tendría que demostrarla con hechos.
El ORFIS no es una oficina menor ni un espacio para pagar facturas políticas. Es una institución fundamental para la vigilancia del uso de los recursos públicos, la revisión de las cuentas de los entes fiscalizables y el combate a la opacidad. Su titular debe contar, además de conocimientos técnicos, con independencia, solvencia profesional y carácter suficiente para fiscalizar al poder sin temor a sus consecuencias.
Y ahí aparece la contradicción.
EL CONGRESO DESDE LA JUCOPO: CANDIL DE LA CALLE Y OSCURIDAD DE LA CASA.
Mientras se habla de transparencia, participación y pluralidad, crece la percepción de que el proceso podría estar diseñado para conducir hacia un perfil previamente definido, particularmente para gente no nacida y mucho menos de padres veracruzanos (que ojo, no es impedimento legal) que permitiera ampliar perfiles Jarochos en los cargos ejecutivos de importancia en la Administración Veracruzana, ya que parece que Poblanos, Chilangos, Hidalguenses, Tamaulipecos y Tabasqueños, entre otros, tienen más privilegios de ocupar altos cargos en el Gobierno de Rocío Nahle
¿Entonces para qué abrir una convocatoria?
¿Para cumplir con la formalidad?
¿Para generar la apariencia de competencia?
¿O realmente habrá una evaluación seria de trayectorias, capacidades, experiencia y autonomía?
El problema no es que exista una persona con posibilidades de ocupar la titularidad del ORFIS. El problema sería que la decisión política estuviera tomada antes de conocer a todos los aspirantes.
Porque si las cartas ya están marcadas, el registro de participantes corre el riesgo de convertirse únicamente en escenografía institucional.
¿No hay veracruzanos capaces?
Resulta difícil aceptar el argumento —explícito o implícito— de que en Veracruz no existen profesionales con talento, experiencia y capacidad suficiente para encabezar una institución de esta importancia.
Hay especialistas en auditoría, contabilidad, derecho, administración pública y fiscalización. Hay académicos, servidores públicos, investigadores y profesionales con décadas de experiencia.
Entonces, si el proceso termina favoreciendo a un perfil previamente identificado, la pregunta será inevitable:
¿Se elegirá al mejor perfil o al perfil políticamente más conveniente?
La diferencia no es menor.
El ORFIS necesita una persona que pueda revisar las cuentas públicas de municipios, organismos y poderes del Estado con absoluta responsabilidad, sin importar quién gobierne.
Una fiscalización débil beneficia al poder.
Una fiscalización independiente beneficia a la sociedad.
Las cartas sobre la mesa
El Congreso tiene ahora una oportunidad para demostrar que la convocatoria no es un trámite.
La transparencia no consiste solamente en publicar requisitos y recibir documentos. Transparencia significa explicar por qué un aspirante es mejor que otro, hacer públicos los criterios de evaluación y garantizar que la decisión final pueda ser defendida con argumentos profesionales y no solamente políticos.
Si existe una candidatura favorita, tendrá que demostrar que merece el cargo.
Y si existen otros perfiles con mayor preparación, experiencia o independencia, también deberán ser considerados.
Porque de eso se trata una convocatoria realmente democrática: de abrir la puerta y permitir que gane quien tenga los mayores méritos, no quien llegue con la llave en la mano.
El Congreso puede convertir este proceso en una muestra de madurez institucional o en otro episodio de simulación política.
La sociedad veracruzana estará observando.
Y al final, más que preguntar quién llegó al ORFIS, habrá que preguntar:
¿Quién eligió? ¿Por qué lo eligió? ¿Con qué criterios? Y, sobre todo, quién se benefició con la decisión?
Porque cuando se trata de fiscalizar el dinero público, las cartas deben estar sobre la mesa, no marcadas debajo de ella.
Por lo pronto, independientemente de los registros que se acrediten, al final del proceso solo DOS NOMBRES brillaran en las carpetas del TOP-SECRET-LEGISLATIVO, el primero de ellos, es el de LA CHILANGA LESLIE MÓNICA GARIBO PUGA, excontralora general en tiempos de Cuitlahuac García y asesora jurídica de la SENER, cuando fungía de titular la Gobernadora Hanle García; Y SI ATINO, el segundo nombre es el de la actual encargada de despacho de la propia Contraloría General del Estado y cercana a la ejecutivo estatal, LA TAMAULIPECA BÁRBARA GALINDO RAMOS; así que en los registros de los demás aspirantes, solo les queda la satisfacción de ser parte de la comparsa legislativa y ampliar su currículo profesional, como participantes en el proceso de selección.