INDICADORES POLÍTICOS
Cuando el gabinete está de más…
Un buen gobierno necesita algo más que voluntad: requiere talento, información, sensibilidad y capacidad para anticiparse a las crisis.
Por Ulín de la Cruz
La administración pública estatal no se compone exclusivamente de la figura del Ejecutivo ni de la voluntad de quien gobierna. Gobernar implica mucho más que mandar, ordenar o tomar decisiones desde el escritorio. Implica liderazgo, visión estratégica, conocimiento del territorio y, sobre todo, la capacidad de rodearse de mujeres y hombres con experiencia, talento y responsabilidad para enfrentar los problemas de una entidad tan compleja como Veracruz.
Un gobierno necesita un gabinete que funcione como un verdadero equipo. Secretarios y funcionarios que conozcan sus áreas, que tengan capacidad técnica y política, que sepan escuchar y que sean capaces de advertirle al titular del Ejecutivo lo que ocurre en la realidad, incluso cuando la información no sea agradable.
Porque un buen colaborador no es aquel que solamente aplaude.
Es aquel que informa, advierte, propone y, cuando es necesario, contradice con argumentos.
Rocío Nahle: un mejor perfil, pero con un equipo que genera dudas
En el caso de Veracruz, sigo considerando que la gobernadora Rocío Nahle tiene un perfil de gobierno superior al de su antecesor, Cuitláhuac García, y que, en términos generales, cuenta con un equipo más estructurado.
Sin embargo, existen áreas donde las dudas comienzan a crecer: Salud, Educación, Deportes, Desarrollo Agropecuario, Desarrollo Económico y Cultura, entre otras.
Y no se trata de una crítica a ultranza ni de una posición política contra la gobernadora. Tampoco de asumir que quienes observamos y cuestionamos su administración estamos necesariamente en contra de ella.
Es, simplemente, el ejercicio de observar desde fuera del círculo de influencia del poder.
Quienes hemos seguido durante años la vida política e institucional de Veracruz hemos visto pasar administraciones, funcionarios, estilos de gobierno y equipos de trabajo. Hemos observado qué decisiones funcionan, cuáles fracasan y, sobre todo, cómo las decisiones del poder terminan impactando directamente en la vida de los ciudadanos.
En poco menos de dos años de administración de Rocío Nahle hemos visto anuncios y acciones que merecen reconocimiento, particularmente proyectos de infraestructura y obras que podrían representar importantes beneficios para Veracruz.
Pero también hemos observado confrontaciones innecesarias con grupos políticos, actores sociales, personas que piensan diferente e incluso con integrantes de la prensa.
Y aquí hay algo que no debería perderse de vista:
La democracia también consiste en escuchar a quienes no piensan como el gobierno.
La tolerancia, el diálogo y la capacidad de construir consensos deberían ser algunas de las principales fortalezas de cualquier Ejecutivo estatal.
El problema no siempre está en la cabeza; a veces está alrededor
Uno de los mayores riesgos para cualquier gobernante es quedar aislado de la realidad.
Y ese aislamiento puede producirse cuando el círculo cercano deja de informar lo que realmente ocurre y comienza a presentar únicamente aquello que considera conveniente.
Ahí es donde el gabinete adquiere una responsabilidad fundamental.
Porque varios de los funcionarios que presumen cercanía y confianza con la gobernadora parecen ser, precisamente, quienes más conflictos le generan en lo político, institucional y social.
No ayudan.
Estorban.
Y cuando un funcionario se convierte en un problema recurrente para quien gobierna, deja de ser un colaborador y se transforma en un costo político.
Los antecedentes en Veracruz son numerosos. Javier Duarte, Miguel Ángel Yunes y Cuitláhuac García dejaron lecciones suficientes sobre lo que ocurre cuando los gobernadores permiten que determinados grupos de colaboradores acumulen poder, controlen información y terminen convirtiéndose en una especie de filtro entre el gobierno y la sociedad.
Ingenio San Pedro: una crisis que no debió sorprender al gobierno
El caso del Ingenio San Pedro, ubicado en Lerdo de Tejada, es quizá uno de los ejemplos más claros de lo que ocurre cuando un gobierno no alcanza a detectar a tiempo una crisis regional.
El cierre de esta factoría no representa únicamente un problema empresarial.
Es un problema laboral, productivo, social y económico.
De acuerdo con la información planteada en torno al caso, están en riesgo los ingresos de trabajadores y empleados administrativos, además de miles de familias que dependen directa o indirectamente de la actividad cañera. El impacto alcanza a buena parte de la economía rural de la región de Los Tuxtlas.
Entonces surge una pregunta inevitable:
¿Dónde estaba el gabinete?
¿Dónde estaban los responsables de Desarrollo Económico?
¿Dónde estaban los funcionarios de Desarrollo Agropecuario?
¿Dónde estaban los operadores políticos?
¿Dónde estaban los representantes populares?
¿Dónde estaban quienes recorren las comunidades, quienes conocen las regiones y quienes presumen tener información de primera mano sobre lo que sucede en Veracruz?
Porque si el cierre del ingenio tomó por sorpresa al gobierno estatal, entonces existe un problema serio de inteligencia política, seguimiento territorial y capacidad de prevención.
A la gobernadora le falló su gente.
Y no es una afirmación menor.
Un gobierno eficiente no debe enterarse de una crisis cuando ésta ya explotó públicamente. Debe conocerla cuando apenas comienza a gestarse.
No se trata solamente de buscar culpables
El problema del Ingenio San Pedro tampoco puede reducirse a señalar públicamente a los propietarios.
La industria azucarera enfrenta problemas estructurales: costos de producción, condiciones climáticas, precios internacionales, competencia, tecnología, costos laborales, financiamiento, seguridad, insumos y dificultades para mantener rentable la actividad.
México forma parte de un mercado azucarero internacional sujeto a ciclos de producción y precios, con una fuerte influencia de países productores como Brasil y la India, además de las condiciones comerciales con Estados Unidos.
A ello se suman los problemas internos de la industria y las dificultades que enfrentan productores y empresarios para mantener competitiva la producción.
Por eso, el caso San Pedro requiere mucho más que declaraciones políticas.
Requiere información, negociación, análisis financiero, capacidad técnica y voluntad para construir acuerdos.
Y, sobre todo, requiere que las autoridades conozcan realmente el problema antes de emitir conclusiones.
Los fantasmas del pasado
Veracruz ya ha vivido historias similares.
Los casos de los ingenios San Gabriel, San Francisco y La Concha forman parte de una memoria que no debería olvidarse.
Después del cierre de aquellas factorías hubo intentos, recursos públicos, negociaciones y programas para tratar de contener los daños económicos y sociales.
Sin embargo, muchas de esas experiencias dejaron una enseñanza dolorosa:
Cuando un ingenio cierra, difícilmente vuelve a abrir.
Por eso el caso San Pedro debería ser atendido con toda la seriedad posible.
No solamente por los trabajadores.
También por los productores de caña, transportistas, comerciantes, prestadores de servicios, pequeños empresarios y miles de familias cuya economía depende de que la cadena productiva continúe funcionando.
El gabinete debe servir, no estorbar
Aquí está el verdadero fondo de esta columna.
Un gobernador o una gobernadora puede tener voluntad, experiencia y visión. Pero nadie gobierna solo.
El Ejecutivo necesita funcionarios capaces de interpretar la realidad, anticipar problemas y presentar soluciones.
Un gabinete no debe estar integrado por amigos, leales o incondicionales.
Debe estar integrado por profesionales capaces.
Porque la lealtad política sin capacidad técnica puede convertirse en incompetencia administrativa.
Y la cercanía personal, cuando sustituye al mérito, termina convirtiéndose en una amenaza para el propio gobernante.
Rocío Nahle todavía tiene tiempo para corregir.
Tiene la facultad legal y política para evaluar a sus colaboradores, hacer ajustes y exigir resultados.
Pero para hacerlo necesita escuchar algo más que a quienes diariamente le dicen que todo está bien.
Porque Veracruz no está bien en todos sus sectores.
Hay problemas que están creciendo.
Hay regiones que reclaman atención.
Hay sectores productivos que enfrentan crisis.
Y hay ciudadanos que esperan respuestas.
Gobernar también significa escuchar
La gobernadora tiene frente a sí una responsabilidad enorme.
Puede consolidar un gobierno con resultados o permitir que los errores de algunos integrantes de su equipo terminen contaminando los aciertos de su administración.
La historia política de Veracruz demuestra que los gobernadores no solamente son evaluados por sus propias decisiones.
También son juzgados por los funcionarios que eligieron, por los problemas que no atendieron y por las crisis que pudieron evitar y no evitaron.
Por eso, más que cuestionar si Rocío Nahle tiene voluntad para gobernar, habría que preguntarnos:
¿Tiene alrededor a la gente adecuada para hacerlo?
Porque cuando el gabinete informa tarde, cuando no previene, cuando minimiza los problemas o cuando se dedica a defender al poder en lugar de servir a la sociedad, entonces el gabinete deja de ser una solución.
Se convierte en parte del problema.
Y cuando eso sucede, quizá haya llegado el momento de preguntarse si el gabinete está ayudando a gobernar…
o simplemente está de más.
INDICADORES POLÍTICOS
Por Ulín de la Cruz