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Vaya semanita para la libertad de expresión

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INDICADORES POLÍTICOS

Por Ulín de la Cruz


  • A una semana de conmemorarse el Día de la Libertad de Expresión, en Veracruz continúan acumulándose hechos y acontecimientos poco alentadores para quienes ejercen el periodismo y la comunicación.

Desde hace muchos años, ejercer esta profesión en territorio veracruzano se ha convertido en una actividad de alto riesgo. Sin embargo, para muchos observadores del acontecer público, las condiciones se agravaron a partir de 2018, con la llegada de Andrés Manuel López Obrador y Morena al poder. Paradójicamente, quien durante décadas fue uno de los políticos más beneficiados por la cobertura mediática nacional terminó encabezando un movimiento cuya relación con la prensa ha estado marcada por la confrontación constante.

En Veracruz, el llamado “efecto Peje” también llevó a la gubernatura a Cuitláhuac García Jiménez, quien desde el inicio de su administración mostró una relación distante y, en ocasiones, despectiva hacia los medios de comunicación locales.

Hoy, bajo el gobierno de Rocío Nahle García, las condiciones de convivencia entre el poder y la prensa no parecen haber mejorado. Por el contrario, diversos episodios públicos han evidenciado desencuentros con reporteros y comunicadores que incluso han trascendido a la escena nacional.

Las diferencias entre gobernantes y periodistas pueden considerarse parte natural de la vida democrática. Después de todo, los políticos son pasajeros en el ejercicio del poder, mientras que la prensa permanece como una institución indispensable para la vida pública. Las facturas de la soberbia suelen cobrarse en las urnas, pero los medios continúan desempeñando su labor más allá de los ciclos electorales y de los momentos de gloria o de «Plenitud del Pinche poder» de quienes ocupan temporalmente los cargos públicos.

Lo verdaderamente preocupante son los hechos ocurridos en los últimos días, precisamente antes y después de una fecha que, más que celebración, debería ser motivo de reflexión sobre las condiciones en que se desarrolla el periodismo en México y particularmente en Veracruz.

El caso más alarmante fue el secuestro de la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez, directora del portal Pulso Informativo del Sureste. El pasado 2 de junio fue privada de la libertad por un grupo armado que irrumpió violentamente en su domicilio, ubicado en el municipio de Nanchital. El hecho quedó registrado en video y, ante la falta de resultados en las investigaciones locales, el caso fue atraído por la Fiscalía General de la República.

Aún no transcurría una semana de la conmemoración del Día de la Libertad de Expresión cuando el 11 de junio se confirmó otra tragedia: el asesinato de Luis Ángel López Valdez. El reportero de nota roja del medio Vanguardia de Veracruz fue emboscado y ejecutado a balazos mientras conducía su vehículo en Poza Rica. Además de periodista, se desempeñaba como paramédico y contaba con medidas cautelares de protección emitidas por la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP), luego de haber denunciado amenazas previas.

Existen también otros hechos que, si bien no alcanzan la gravedad de un secuestro o un homicidio, no dejan de ser preocupantes por tratarse de acciones dirigidas contra integrantes del gremio periodístico.

Uno de ellos fue el robo a la vivienda del columnista Edgar Hernández, Premio Nacional de Periodismo y excoordinador de Comunicación Social del Gobierno del Estado durante la administración de Fernando Gutiérrez Barrios. Aunque oficialmente se investiga como un robo común, las circunstancias en las que ocurrió han despertado sospechas y dudas sobre si pudiera existir alguna relación con su actividad periodística.

A ello se suman las denuncias dadas a conocer este fin de semana en la columna El Gordito de Oro, del periodista Juan de Dios Sánchez Abreu, donde se señalan presuntas amenazas e intentos de intimidación que habrían sido enviados a través de un diputado por parte de Eduardo “Tato” Vega Yunes, (un tema que debe ser ampliado, que hace un Diputado prestandose para llevar mensajes intimidantes a un tercero). El político, identificado como uno de los colaboradores «más cercanos» (eso dice él) a la gobernadora Rocío Nahle, busca encabezar la fórmula de Morena, PT y Partido Verde para la diputación federal por Xalapa, pese a no militar formalmente en ninguna de esas fuerzas políticas.

Más allá de la veracidad o el desenlace de cada uno de estos episodios, lo cierto es que el contexto resulta inquietante. Secuestros, asesinatos, robos sospechosos y denuncias de intimidación conforman un panorama que dista mucho de ser el ideal para el libre ejercicio de la actividad periodística.

Por eso, cuando apenas han pasado unos días del Día de la Libertad de Expresión, la reflexión es inevitable: en Veracruz sigue habiendo muy poco que celebrar y mucho por exigir.

Vaya semanita para la libertad de expresión.

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