Veracruz: entre el espectáculo político y las demandas de una sociedad que exige resultados
Veracruz: entre las promesas de transformación y la realidad de las crisis recurrentes
INDICADORES POLÍTICOS
Por Ulín de la Cruz
A poco más de un año del inicio de la administración estatal encabezada por la gobernadora Rocío Nahle García, el debate público en Veracruz se centra cada vez más en una pregunta fundamental: ¿está respondiendo el gobierno a las necesidades reales de los ciudadanos o se encuentra más enfocado en la construcción de una narrativa política?
La expectativa generada por el relevo gubernamental prometía una nueva etapa de desarrollo, seguridad y crecimiento económico. Sin embargo, para numerosos sectores de la población, los resultados aún no son proporcionales a la magnitud de los problemas que enfrenta el estado.
Los derrames de hidrocarburos y episodios de contaminación ambiental continúan afectando comunidades y ecosistemas. Las inundaciones recurrentes exhiben las deficiencias en infraestructura hidráulica y planeación urbana. En materia de seguridad, los secuestros, desapariciones y hechos violentos siguen siendo motivo de preocupación permanente para miles de familias veracruzanas.
A ello se suma una de las asignaturas más sensibles de la vida pública estatal: la protección de la libertad de expresión. Veracruz mantiene una dolorosa historia de agresiones contra periodistas y comunicadores, una realidad que ha colocado a la entidad bajo constante observación de organismos defensores de derechos humanos y de la prensa. Cada ataque contra un periodista representa no sólo una agresión individual, sino también una amenaza al derecho de la sociedad a estar informada.
Veracruz no quiere circo; quiere resultados
Pero quizá la crítica más recurrente que hoy se escucha en las calles, en los sectores productivos y en amplios espacios de opinión pública tiene que ver con las prioridades gubernamentales.
Muchos veracruzanos consideran que el estado atraviesa una etapa en la que la ciudadanía ya no se conforma con eventos multitudinarios, festivales, espectáculos o actos de entretenimiento promovidos desde el poder. La demanda social es otra: resultados concretos.
Veracruz no está pidiendo más circo. Está exigiendo desarrollo.
Los ciudadanos quieren empleos bien remunerados que permitan a las familias mejorar su calidad de vida. Quieren inversiones que impulsen la actividad económica en todas las regiones del estado y no únicamente en zonas específicas. Quieren oportunidades para los jóvenes que hoy enfrentan un mercado laboral limitado y una creciente migración hacia otras entidades.
Los productores agrícolas demandan mejores condiciones para comercializar sus cosechas. Los empresarios reclaman certeza jurídica, seguridad y facilidades para invertir. Los trabajadores esperan una economía capaz de generar empleos formales y bien pagados.
Carreteras para el desarrollo, no para el abandono
Otro de los reclamos más frecuentes es el deterioro de la infraestructura carretera.
Las vías de comunicación son fundamentales para la competitividad económica de Veracruz, uno de los estados con mayor importancia logística del país gracias a sus puertos, actividad industrial y producción agropecuaria.
Sin embargo, numerosas carreteras presentan daños, falta de mantenimiento y condiciones que afectan tanto la seguridad de los conductores como la movilidad de mercancías. Para muchos ciudadanos, la rehabilitación de la red carretera debería ocupar un lugar prioritario en la agenda gubernamental, pues de ella dependen el comercio, el turismo y el desarrollo regional.
La seguridad sigue siendo la principal deuda
Por encima de cualquier espectáculo político o estrategia de comunicación, la principal exigencia ciudadana continúa siendo la seguridad.
Las familias quieren vivir sin miedo. Quieren transitar por carreteras seguras, abrir negocios sin temor a la extorsión, enviar a sus hijos a la escuela con tranquilidad y recuperar espacios públicos que durante años han sido afectados por la violencia y la delincuencia.
La percepción de inseguridad no se combate con discursos ni campañas publicitarias; se enfrenta con resultados medibles, instituciones sólidas y estrategias efectivas de prevención y combate al crimen.
El juicio ciudadano será sobre los resultados
Los gobiernos suelen ser evaluados por sus intenciones al inicio de su mandato, pero con el paso del tiempo son juzgados por sus resultados.
La sociedad veracruzana parece estar entrando en esa etapa. Más allá de simpatías partidistas, de narrativas oficiales o de confrontaciones políticas, la población comienza a exigir respuestas concretas a problemas concretos.
Porque al final, el ciudadano común no mide el éxito de un gobierno por la cantidad de eventos realizados ni por la intensidad de la propaganda institucional. Lo mide por la calidad de las carreteras que utiliza, la seguridad con la que vive, los empleos que encuentra, las oportunidades que tiene su familia y la certeza de que sus gobernantes están concentrados en resolver problemas y no en administrar percepciones.
Y hoy, para muchos veracruzanos, el mensaje es claro: Veracruz necesita menos espectáculo y más resultados. Menos discurso y más desarrollo. Menos promesas y más soluciones. Sólo así podrá construirse la transformación que durante años se le ha ofrecido a una sociedad que sigue esperando respuestas.


