“No somos un país, somos una fosa clandestina con himno nacional” Madres Buscadoras
Un país donde las madres buscan en la tierra lo que el Estado no ha querido encontrar en la justicia.
INDICADORES POLÍTICOS
Ulin de la Cruz
Por momentos, México parece haber normalizado lo inaceptable. La frase de las Madres Buscadoras no es una exageración retórica: es un diagnóstico brutal. En un país con más de 132 mil personas desaparecidas en 2026, la realidad ha superado cualquier narrativa oficial.
Las cifras son frías, pero detrás de ellas hay historias que queman. Desde 2019, los colectivos han logrado encontrar más de 1,200 personas sin vida y más de 1,300 con vida. No es el Estado. No son las instituciones. Son madres, hermanas, familias enteras las que, con picos y palas, han hecho el trabajo que le corresponde al gobierno.
Se han convertido en investigadoras, peritas, rastreadoras. Lo hacen en medio de la impunidad, la burocracia y, muchas veces, el abandono total. Mientras tanto, la crisis crece: entre 2023 y 2024 se registraron más de mil sitios de fosas clandestinas por medios de comunicación y más de 1,400 por fiscalías estatales. Estados como Sonora, Guanajuato, Colima, Jalisco y Chihuahua encabezan esta tragedia, pero Veracruz carga su propia historia: 668 sitios documentados entre 2006 y 2023.
“Informes hasta el mes de marzo de este 2026 indican una concentración de fosas clandestinas en Sonora, Veracruz y Tamaulipas, con alrededor de 72,000 restos humanos sin identificar, según la ONU”.
Estos datos no provienen de discursos oficiales, sino de esfuerzos ciudadanos como la Plataforma Ciudadana de Fosas, impulsada por organizaciones civiles y académicas. Es decir, incluso la verdad ha tenido que ser buscada fuera del gobierno.
Y, sin embargo, la respuesta institucional sigue atrapada entre la negación y la propaganda. Se minimiza, se maquilla, se desvía la conversación. Hay voceros, hay narrativa, pero no hay responsabilidad real ni coordinación efectiva con quienes están haciendo el trabajo en el terreno.
El costo de esta indiferencia no es solo humano. También es político. En un país donde la memoria se organiza y el dolor se convierte en exigencia, cerrar los ojos puede salir caro. Las elecciones de 2027 no serán ajenas a esta realidad.
Porque cuando un país deja que sus ciudadanos busquen a sus muertos sin apoyo, deja de ser un Estado de derecho. Y se convierte, como lo gritan las Madres Buscadoras, en algo mucho más oscuro.
El contraste es inevitable: mientras unos gobiernos miden avances administrativos, el país sigue contando ausencias.
Y esas ausencias pesan más que cualquier informe.
Punto Final
Un reconocimiento a su labor:

