TIERRA DE BABEL

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Jorge Arturo Rodríguez                        


No caer en la incertidumbre

 Tanto dinero, tantos proyectos y programas, tantas acciones y obras, tantas promesas y buenas intenciones, tanto apoyo humanitario, tanta soberanía, tanta honestidad, tanta transparencia, tanta sinceridad, tanta justicia, tantas leyes, tanto esfuerzo y lucha, tanta hermandad y unión, tantos diálogos y acuerdos, tanta certidumbre, tanta tolerancia, tanta rectitud, tanto arrepentimiento, tanto perdón y disculpas, tanta seguridad… ¡Uf! Tanta paz y tranquilidad, tanta gratitud, tanta belleza, tanta humildad, tanto respeto, tanto pueblo, tanta salud, tanta integridad, tantos abrazos, tanto amor, tanto, tanto, tanto… ¡Uf! En ese desorden de aparición, da igual. ¡Qué México tan lindo, querido, maravilloso, emocionante…! Ningún pecado capital se asoma. ¿Realmente es México?

            Y de pronto, ahí está el “pero” -dije pero-, los obstáculos, los contratiempos, las complicaciones, el detalle, Chato, los “aguántame tantito, ahorita lo arreglamos”. De pronto, por arte de magia, brotan los baches. ¿Nadie tiene la culpa? Ah, sí, la culpa es del pasado lejano, de los antepasados -muerto el rey, viva el rey-, de los que nada les embona, de los “Contreras”, de los “Mirreyes”, de aquellos que añoran el pasado de otro color; pero más seguramente, la culpa es de los que se dejan y de los débiles. Porque los que están en el estrado divino y poderoso, nanáis. Ellos son angelitos, los pastores del “mesías”, y a quien no le guste que se vaya a la chingada; ah, no, a “La Chingada” nomás van los elegidos.

            Hablemos de baches, con eso del programa “Mega Bachetón”, dizque pa’ rehabilitar las carreteras en todo el país. ¿Fuera los baches? En Veracruz y en todo México estamos hundidos en baches, y no hablemos de esos caminos (¿?) de terracería donde reina la pobreza.

            ¿Qué le dijo un bache a otro bache? ¡Nos vemos en el próximo parche! ¿Qué hace un bache cuando llueve? Se convierte en una piscina.

            Siendo sinceros, realistas, objetivos, críticos, etc., -el pueblo es sabio-, México está en campo minado de baches de todo tipo, y puede usted enumerar, desde el nacimiento “saludable” hasta la “muerte terminal” pasando por la corrupción y… Ya se la saben.

            Ramón Revueltas Retes, en su columna titulada “¿Cuánta violencia y cuánto dolor pueden seguir soportando los mexicanos?”, escribe: “Estamos hablando de una escalofriante podredumbre, señoras y señores, y de lo inaceptable que resulta vivir rodeado de asesinos y criminales de toda estofa pero, sobre todo, de la atroz realidad del dolor, del sufrimiento del minero ejecutado, del comerciante al que le cortan una oreja o de la mujer torturada, del quebranto de sus deudos, del duelo de familias enteras. Esto no puede ser…” (milenio.com, 17/02/2026). Pero es y cada día es peor.

            Refiriéndose a Cuba y el mundo, mi estimado escritor cubano Leonardo Padura, que sigue y continuará viviendo en su país natal, en su artículo “El futuro”, expresa: “El futuro dejó de ser promesa para convertirse en un presente marcado por la pérdida de certezas, conflictos, desencanto político y deterioro democrático.” (milenio.com, 13/02/2026). ¡Gulp!

            Pero sigamos dando el beneficio de la duda: no se desanimen, nos irá bien. Ajá.

 

Los días y los temas

Hay que seguir señalándolo: México está enfermo, ojalá que no en fase terminal. Fernando García Ramírez, en su artículo “País de desaparecidos”, escribe: “México vive una guerra civil que los mexicanos nos negamos a reconocer como tal a pesar de que tiene todas sus características: es un conflicto armado entre ciudadanos de un mismo país, ha causado un gran número de muertes y destrucción, tiene como origen económico el tráfico de sustancias ilegales hacia los Estados Unidos. Entre muertos y desaparecidos el número rebasa el medio millón de mexicanos. Por donde se le vea se trata de una auténtica tragedia, una crisis humanitaria colosal, el mayor conflicto armado en nuestro continente en este siglo.”

            Agrega: “Pese a que vivimos en medio de una cruenta guerra civil, la mayoría de los mexicanos vive dando la espalda al horror. Tal vez nos hemos vuelto indiferentes al sufrimiento de los otros, como mecanismo de defensa. Tal vez la intensa propaganda gubernamental no deja a muchos ver el tamaño de la desgracia. Están también los negacionistas, los simpatizantes fanáticos del partido en el poder, por puro interés, por ideología o por ignorancia. No pueden ver que tarde o temprano el fuego nos alcanzará a todos”. (letraslibres.com, 01/02/2026).

            Y el agua escasea. Los ánimos también. El temor nos asfixia. ¿A usted no?

De cinismo y anexas

 No acostumbro leer libros de autoayuda, pero me encontré uno en la librería: Por favor, sea feliz, de Andrew Matthews. Lo hojeé y fotografié los siguientes pensamientos:

“Una caminata de mil millas empieza con un pequeño paso”. (Lao-Tse).

“Nada es importante para quien dice que nada es importante”. (Lin Yutang).

“Si crees que entiendes todo lo que ocurre, estás perdidamente confundido”. (Walter Mondale).

Hasta la próxima.

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