La semilla de la incongruencia: precarización y abuso de poder en el corazón de Sembrando Vida
INDICADORES POLÍTICOS
La semilla de la incongruencia: precarización y abuso de poder en el corazón de Sembrando Vida
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Detrás del “Humanismo Mexicano”, técnicos laborales en el abandono
Por Ulin de la Cruz
El programa Sembrando Vida ha sido presentado por el gobierno federal como uno de los pilares del llamado Humanismo Mexicano: una política pública que promete justicia social, regeneración ambiental y reconstrucción del tejido comunitario en el campo.
Sin embargo, lejos de los discursos oficiales y las cifras triunfalistas, una realidad silenciada se impone en el terreno: la precarización sistemática y el abuso de poder contra quienes sostienen el programa día a día —los técnicos y facilitadores.
Ingenieros agrónomos, forestales, biólogos y profesionistas sociales que recorren comunidades rurales hoy enfrentan condiciones laborales que contradicen frontalmente los principios de la Cuarta Transformación.
- La trampa legal de los “asimilados”: incertidumbre institucionalizada
El primer agravio no es menor: la forma de contratación.
Los técnicos de Sembrando Vida son empleados bajo el esquema de Sueldos Asimilados a Salarios, una figura que simula independencia, pero impone subordinación total.
- Trabajo sin derechos: Se exige exclusividad, disponibilidad permanente y cumplimiento estricto de órdenes jerárquicas, pero sin acceso pleno a ISSSTE, aguinaldo digno, prima vacacional ni antigüedad.
- Despido disfrazado: Los contratos mensuales o bimestrales funcionan como un mecanismo de control. Cualquier inconformidad, denuncia o exigencia laboral puede derivar en una simple “no renovación”, una forma elegante de despido sin liquidación ni defensa legal.
El miedo se convierte en herramienta de gestión.
- Coordinaciones convertidas en feudos: el poder sin contrapesos
En campo, el diseño operativo del programa ha derivado en estructuras verticales y arbitrarias, donde algunos Coordinadores Territoriales y de Unidad ejercen un poder absoluto.
Entre las prácticas denunciadas por técnicos destacan:
- Hostigamiento y acoso laboral
Amenazas constantes de despido para cumplir metas irreales, ajenas a las condiciones climáticas, sociales o de seguridad de cada región. - Extorsión operativa normalizada
Técnicos obligados a poner dinero de su propio salario para gasolina, papelería, transporte o incluso eventos políticos, bajo el discurso del “sacrificio por la causa”. - Favoritismo y nepotismo
Ascensos y permanencias basadas en lealtades personales y no en méritos técnicos, desmontando los principios de no mentir, no robar y no traicionar.
III. Humanismo en el discurso, precariedad en la realidad
El Humanismo Mexicano sostiene que nadie puede ser feliz si su prójimo no lo es. Pero en Sembrando Vida, los técnicos trabajan sin seguro de vida adecuado, recorren brechas de alto riesgo en vehículos propios y enfrentan jornadas que pulverizan su vida familiar.
- Robo del tiempo: Jornadas extendidas sin compensación, bajo el argumento de que “la transformación no tiene horario”.
- Desechabilidad profesional: Si el técnico enferma, se accidenta o su vehículo falla, el problema es exclusivamente suyo. El Estado toma el esfuerzo, pero devuelve precariedad.
Una contradicción directa con la justa medianía que se presume como principio ético del régimen.
- ¿Regeneración del campo o simulación laboral?
Para que Sembrando Vida no termine siendo otro monumento a la incongruencia, especialistas y trabajadores plantean medidas urgentes:
- Mecanismos reales de denuncia, anónimos y externos, contra abusos de mandos medios.
- Base laboral y prestaciones completas, acordes a la responsabilidad y riesgo del trabajo en campo.
- Auditoría y cobertura total de insumos, para que el salario del técnico no subsidie la ineficiencia presupuestal del Estado.
Sembrando Vida tiene potencial transformador, pero corre el riesgo de pudrirse desde su estructura administrativa.
La Cuarta Transformación debe recordar que el pueblo también son los técnicos que recorren veredas, siembran conocimiento y sostienen el programa con su esfuerzo diario.
Exigir ética revolucionaria mientras se ofrecen condiciones laborales propias del viejo modelo neoliberal no solo es incongruente: es una traición silenciosa, al propio movimiento político que representan
