“La despedida de un hombre que enseñó con el alma”: Zaira Ochoa Valdivia

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Mensaje pronunciado por su hija Zaira Ochoa Valdivia


Hoy me presento ante ustedes con el corazón desgarrado por la ausencia, pero también profundamente lleno de orgullo. Hablar de mi padre Rafael Ochoa Guzmán, no es sencillo, porque fue muchas cosas a la vez: maestro, líder, amigo… pero para mí, para nosotros, fue antes que nada nuestro papá y nuestro héroe.

Mi padre nos enseñó que la vida se construye con voluntad, con esfuerzo y sobre todo con principios firmes. Nos inculcó que la palabra tiene valor, que el trabajo se honra, y que el conocimiento y la determinación pueden transformar la vida de una persona, de una comunidad, de un magisterio… incluso de un país entero. Él lo creyó, lo vivió y lo demostró. Su vida fue una lección permanente: una cátedra de dignidad, de carácter y también de amor.

Como maestro, tocó vidas.
Como dirigente, defendió la dignidad del magisterio.
Como servidor público, entregó su energía y su pasión a México.

Pero como padre, nos enseñó a caminar con la frente en alto, a no rendirnos, a defender lo justo y a recordar siempre que somos libres; que cuando alguien lucha por un ideal —aunque parezca una locura— es capaz de transformar la realidad.

Con él aprendimos que la grandeza no reside en los cargos, sino en la huella que se deja en los demás. Y hoy, aquí en Huatusco, nuestra tierra, acompañados de su gente, queda constancia de que mi padre siempre tendió la mano sin distinción.

Pero hoy no solo despedimos al maestro.
Despedimos al hombre que nos abrazó cuando tuvimos miedo, al que corrigió con paciencia, orientó, escuchó… y también al que con una sola mirada firme supo guiarnos cuando había que elegir un camino. Su amor no siempre se expresaba con palabras: se veía en su entrega, en su ejemplo, en su temple y en su convicción.

Nos quedamos con su voz, con su risa, con sus historias, y sí, también con su característico sentido del humor: ese humor que nos hacía reír incluso en los días difíciles. Nos deja su apellido, pero sobre todo nos deja su legado. Y a nosotros nos corresponde honrarlo viviendo como él nos enseñó: con trabajo, con dignidad, con amor y con un profundo sentido de unidad.

Hoy lo lloramos… pero también lo celebramos.
Celebramos la vida plena que tuvo, el camino que construyó y el bien que sembró.

Gracias, papá, por mostrarnos que un maestro no solo enseña desde las aulas, sino con el ejemplo, con la obra y con la vida misma. Gracias por cada día, por cada palabra, por tu esfuerzo incansable y por el amor que nos entregaste.

Nos duele despedirte, pero encontramos consuelo en saber que tu misión en esta tierra la cumpliste con grandeza. Te fuiste, como siempre lo hiciste todo: con decisión, con autenticidad y dejándonos una última lección… la familia siempre debe permanecer unida.

Descansa, papá. Hoy te dejamos ir… pero te llevamos con nosotros para siempre.

Hasta siempre, maestro.
Hasta siempre, papá.

Zaira Ochoa Valdivia

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