JUEGOS DE PODER

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• Fiscalía General del Estado: entre el presente y un pasado que se resiste a irse

• La gobernadora Rocío Nahle: empoderar, reordenar y relanzar su administración

• Las tribus de Morena: entre el caudillismo que no muere y los nuevos liderazgos que buscan futuro

INDICADORES POLÍTICOS

Ulin de la Cruz


Fiscalía General del Estado: entre el presente y el pasado que no se quiere ir

La reciente aprobación en el Congreso del Estado de la reforma que reduce la duración del periodo en la Fiscalía General del Estado (FGE), y que además otorga a la titular del Poder Ejecutivo la facultad de remover y proponer al nuevo fiscal, abrió un reacomodo político de alto voltaje.

La actual fiscal, Verónica Hernández Giadáns, llegó al cargo más por las circunstancias del poder y el padrinazgo de su entonces impulsor —el exsecretario de Gobierno y líder de la corriente afromexicana del cuitlahuismo— que por méritos profesionales sólidos. Hoy, irónicamente, podría enfrentar el mismo método de remoción que se aplicó a su antecesor Jorge Winckler: una reforma hecha a la medida del nuevo gobierno y sus necesidades estratégicas.

Sin embargo, lo verdaderamente delicado para el proyecto político de la 4T en Veracruz no es la salida de Hernández Giadáns, sino quién podría llegar en su lugar.

Desde que se aprobó la reforma, comenzó a operar una intensa campaña de filtraciones para posicionar a la magistrada y expresidenta del Tribunal Superior de Justicia, Lizbeth Aurelia Jiménez Aguirre, como el relevo “ideal”. Pero su eventual nombramiento violaría disposiciones legales que la imposibilitan, lo que obligaría a la gobernadora Rocío Nahle y su equipo a ponderar con sumo cuidado los costos institucionales y políticos de insistir en ese camino.

Porque abrirle paso a Jiménez Aguirre equivaldría a revivir y empoderar al grupo político del exgobernador Cuitláhuac García y a uno de los personajes más cuestionados de la política veracruzana reciente: Eric Cisneros. A ese bloque se suman figuras como Juan Javier Gómez Cazarín, Esteban Ramírez Zepeta, los diputados federales Zenyazen Escobar y Eleazar Guerrero, así como legisladores locales como Alejandro Porras, Dorheny García, Paul Martínez Marie, Felipe Pineda Barradas, Juan Tress Zilli, Tanya Carola Viveros Cházaro y Ramón Díaz Ávila.

Todos ellos conforman un grupo que acumuló poder en el pasado reciente y que hoy está empeñado en recuperarlo, incluso si eso implica dinamitar la imagen del gobierno que encabeza Rocío Nahle.


La gobernadora Rocío Nahle: empoderar y relanzar su administración

La presentación de la Glosa del Primer Informe de Gobierno será el último gran acto institucional del año para la gobernadora Rocío Nahle. Este momento le permitirá revisar, con frialdad y estrategia, la fotografía completa de su primer año: sus avances reales, sus límites, sus aciertos y sus errores.

Las encuestas —propias y externas— muestran un arranque complicado en comparación con otros ejecutivos estatales. La percepción ciudadana sobre la obra pública, la obra social y la presencia territorial del gobierno sigue siendo baja. A ello se sumó la mala reacción institucional ante las inundaciones del norte del estado, donde la atención gubernamental dejó un saldo negativo en términos de sensibilidad social y operación política.

Diciembre debe convertirse para Nahle en el mes de la evaluación y la cirugía administrativa. Porque hay miembros del gabinete que funcionaron, pero hay otros que, a pesar de la confianza depositada, no lograron estar a la altura del reto. Y seguir sosteniéndolos solo contribuirá a desgastar la imagen de la mandataria y a frenar el reposicionamiento político que necesariamente debe emprender.

El próximo año exige un gabinete compacto, profesional y leal, no solo al proyecto político, sino a los resultados que la ciudadanía espera.


Las tribus de Morena: entre el caudillismo corrupto y los nuevos liderazgos

Desde su origen, Morena se concibió como un mosaico:
– una ala radical proveniente del PRD,
– expriístas que encontraron refugio para su “sanitización política”,
– empresarios y operadores del viejo régimen que mudaron de piel,
– y grupos que vieron en la 4T la oportunidad de conservar privilegios ahora bajo un nuevo regimen.

Ese cúmulo formó las tribus de Morena, que durante años se colgaron del liderazgo de López Obrador como si fuese un manto protector infinito. Muchas de esas tribus fueron, y siguen siendo, corruptas y corruptoras, y hoy buscan seguir usufructuando el poder desde espacios legislativos, administrativos o de partido.

Pero no todo está perdido.

En los últimos meses han emergido nuevos cuadros, especialmente entre diputadas y diputados jóvenes, quienes muestran mayor institucionalidad, disciplina y visión de Estado. Son perfiles que podrían convertirse en la base para relanzar el gobierno de Nahle y poner distancia con los excesos cometidos por el cuitlahuismo.

La autocrítica dentro del movimiento será indispensable.
No solo para corregir errores, sino para definir quiénes sí y quiénes no pueden acompañar el proyecto de transformación en Veracruz.

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