El Baldón: La soberanía y la voluntad popular: un llamado a México y a los mexicanos
José Miguel Cobián Elías 01/03/26
La soberanía es un principio que, en teoría, protege la independencia de los pueblos y su derecho a decidir su destino. Pero no debemos olvidar que la soberanía no reside en los gobiernos, sino en la voluntad popular. Es el pueblo quien otorga legitimidad, y cuando esa voluntad está secuestrada por una dictadura, hablar de soberanía como excusa para la inacción es una distorsión peligrosa.
Un Estado soberano tiene como deber garantizar elecciones libres, respetar los derechos humanos y proteger las libertades individuales. Cuando un régimen niega estos principios, deja de cumplir con la esencia misma de la soberanía. En ese momento, la comunidad internacional no enfrenta un dilema de respeto a la independencia, sino la obligación de defender la dignidad humana.
La soberanía pertenece al pueblo, no al dictador. Un gobierno que se aferra al poder mediante la represión no representa a su nación. Invocar la soberanía en su defensa es proteger a los opresores, no a los ciudadanos. Cualquier gobierno que afirma que sus decisiones son la voluntad popular, sin permitir elecciones libres, miente y manipula a su población, obligándolos a acatar las decisiones de unos cuántos, disfrazadas de voluntad popular.
La responsabilidad internacional: México, como nación democrática, sabe que la libertad no se negocia. Cuando pueblos como los de Cuba, Nicaragua o la Venezuela de ayer son privados de elecciones libres, la comunidad internacional tiene el deber de apoyar su liberación. No es intervención contra la soberanía, es solidaridad con la soberanía verdadera: la del pueblo.
La defensa de valores universales: Los derechos humanos no conocen fronteras. Si aceptamos que la soberanía puede justificar la represión, estamos renunciando a los principios que sostienen la convivencia internacional.
La estabilidad regional: Las dictaduras generan crisis humanitarias, migraciones forzadas y violencia que afectan a toda América Latina. Defender la democracia en nuestros vecinos es también defender la paz y la estabilidad de México.
Un mensaje para México y su presidenta: México tiene una tradición de lucha por la libertad y la justicia. Nuestra historia nos recuerda que la soberanía se conquista cuando el pueblo puede expresarse sin miedo. Por eso, no podemos aceptar que se invoque la soberanía para blindar dictaduras que niegan la voz ciudadana.
La verdadera soberanía no es el silencio impuesto por un régimen, sino la voz libre de los pueblos. Y cuando esa voz es sofocada, la comunidad internacional —incluido México— tiene la obligación moral de actuar.
Por todo lo anterior, la presidenta de México no puede alegar defensa de la soberanía de dictaduras que se han apropiado de naciones como Cuba y Nicaragua. Ninguna ideología justifica que un grupo de nacionales se apropie de las riquezas y del poder en un país. Hoy es muy difícil para una población reprimida, espiada, humillada y desesperanzada, deshacerse de una dictadura. Las armas y la protección de ejércitos beneficiados por las propias dictaduras, hacen imposible que los pueblos se liberen por sí mismos, por ello, se justifica, se requiere y es necesaria la intervención de países extranjeros para liberar a poblaciones de millones de personas, sometidas al abuso, la tortura, el empobrecimiento, la expatriación, la encarcelación y la muerte de millones de personas.
¡Basta de defender dictadores criminales con el pretexto de la autodeterminación de los pueblos!
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