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domingo 4 de octubre de 2026
Xalapa

¿ABASTO DE MEDICAMENTOS O MAQUILLAJE DE CIFRAS?

Hay números que pueden decir mucho. Pero también hay números que, dependiendo de cómo se construyan, pueden terminar diciendo prácticamente nada. Y eso es precisamente lo que hoy debería preocupar en los hospitales públicos de Veracruz.

hace 56 min
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Por Ulin de la Cruz

La protesta de médicos, enfermeras, residentes y trabajadores del Centro de Alta Especialidad (CAE) “Doctor Rafael Lucio” y del Hospital Regional “Doctor Luis F. Nachón”, en Xalapa, no parece ser solamente una manifestación más. Es el reflejo de una inconformidad que lleva semanas acumulándose y que ahora vuelve a tomar las calles.

El reclamo es concreto: medicamentos, material de curación, insumos y equipo para poder atender a los pacientes.

Pero hay un señalamiento todavía más delicado.

Médicos de estos hospitales sostienen que el aparente incremento en los porcentajes de abasto puede estar relacionado con una reducción considerable en el número de claves de medicamentos consideradas para medir el suministro.

Dicho de otra manera: si antes se requerían cientos de claves y ahora se contabilizan muchas menos, el porcentaje de surtimiento puede mejorar en el papel, aunque en las áreas médicas continúen faltando productos indispensables.

No es un asunto menor.

Porque en un hospital el porcentaje de abasto no opera como una estadística aislada. Detrás de cada clave existe un medicamento, un insumo, una cirugía, un tratamiento y, sobre todo, un paciente.

Y ahí es donde las cifras comienzan a enfrentarse con la realidad cotidiana de quienes están dentro de los hospitales.

La propia gobernadora Rocío Nahle informó en septiembre que se realizaría una revisión “hospital por hospital” para conocer con precisión los niveles de suministro. En aquella revisión se reportaron porcentajes distintos entre medicamentos y material de curación, incluso dentro de los propios hospitales de Xalapa.

Entonces la pregunta resulta inevitable:

¿Qué significa realmente estar abastecido?

¿Tener un porcentaje elevado porque se redujo el universo de medicamentos que se contabilizan? ¿O contar con todos los insumos que los médicos necesitan para atender correctamente a los pacientes

Porque una cosa es que una hoja de cálculo diga que determinado hospital tiene un alto porcentaje de abasto y otra muy diferente que un médico tenga frente a sí a un paciente y disponga de todo lo necesario para intervenirlo.

La doctora Ana Patricia Altamirano Aburto, jefa de Pediatría del Hospital Luis F. Nachón, ha señalado públicamente que existen carencias de medicamentos y material de curación y que se han suspendido numerosas cirugías ambulatorias. En declaraciones difundidas este domingo, incluso invitó a la gobernadora a recorrer personalmente los hospitales y hablar con el personal operativo.

Y quizá ahí esté una de las claves de todo este conflicto.

Ir al hospital.

No recibir únicamente informes.

No quedarse solamente con porcentajes.

No conformarse con reportes administrativos.

Ir a los quirófanos, a las áreas de urgencias, a pediatría, a las salas donde los médicos tienen que explicarle a una familia que su paciente no puede ser operado porque falta determinado insumo.

Ahí es donde cualquier estadística tendría que someterse a la prueba definitiva: la realidad.

El doctor Manuel Huerta Montiel, del CAE “Doctor Rafael Lucio”, ha reconocido que después de las primeras movilizaciones comenzaron a llegar algunos medicamentos e insumos, pero sostiene que el suministro todavía no es completo ni constante. Entre las carencias mencionadas aparecen filtros virales, cánulas de traqueostomía, humidificadores y materiales para ventilación mecánica, entre otros. También se ha reportado un rezago considerable de cirugías en ese hospital.

Y aquí aparece otro asunto que no puede perderse de vista.

Una solución temporal no necesariamente resuelve un problema estructural.

Si los medicamentos llegan después de una marcha, el problema no está resuelto.

Si llegan después de una protesta, pero vuelven a faltar semanas después, tampoco.

El verdadero indicador de que las cosas funcionan será que los hospitales puedan mantener un suministro suficiente, permanente y verificable sin que médicos y enfermeras tengan que salir a las calles para conseguirlo.

Porque los trabajadores de la salud no deberían tener que marchar para obtener las herramientas con las que trabajan.

Y mucho menos deberían ser colocados en medio de una disputa política.

Los médicos que participaron en la movilización han rechazado precisamente que sus protestas tengan un trasfondo partidista y han insistido en que su demanda central es contar con los recursos necesarios para atender a los pacientes.

En este punto conviene hacer una pausa.

No se trata de decidir quién tiene la razón a partir de declaraciones encontradas.

Se trata de auditar las cifras.

Que se conozca cuántas claves de medicamentos requiere cada hospital, cuántas están autorizadas, cuántas fueron solicitadas, cuántas fueron entregadas, cuántas permanecen pendientes y, sobre todo, qué porcentaje de las necesidades reales está cubierto.

Con números completos.

Con metodología clara.

Con información verificable.

Porque si la autoridad sostiene que existe un determinado nivel de abastecimiento y los médicos aseguran que la realidad dentro de los hospitales es otra, alguien tiene que poner sobre la mesa la información que permita saber dónde está la diferencia.

Y hacerlo sin descalificaciones.

Sin acusaciones políticas.

Sin minimizar el reclamo.

Pero tampoco sin convertir automáticamente las declaraciones de una parte en una verdad definitiva.

La salud pública exige algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más difícil: transparencia.

La gobernadora Rocío Nahle tiene una oportunidad importante.

No solamente de ordenar revisiones administrativas, sino de acudir personalmente a los hospitales señalados, escuchar a los médicos, enfermeras y residentes, revisar los almacenes, conocer las claves faltantes y comprobar qué sucede en los quirófanos.

Que la realidad sea la que mande.

Si los medicamentos están, que se demuestre.

Si faltan, que se diga.

Si las cifras son correctas, que se expliquen.

Y si existe un problema en la manera de medir el abasto, que se corrija.

Porque al final del día hay algo que ninguna estadística puede maquillar:

un paciente esperando una cirugía no necesita porcentajes; necesita que el hospital tenga todo lo necesario para atenderlo.

Y esa debería ser la única cifra que realmente importe.

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