Deuda pública podría desbordarse hasta 62% del PIB al cierre del sexenio de Sheinbaum

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La deuda pública mexicana enfrenta un riesgo de expansión sin precedentes recientes: podría alcanzar hasta el 62% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2030, advirtió el economista Alejandro Werner, exsubsecretario de Hacienda y exfuncionario del Fondo Monetario Internacional (FMI).


El cálculo contrasta con las proyecciones oficiales de la Secretaría de Hacienda, que plantean un endeudamiento máximo de 52.3% del PIB al final del sexenio de Claudia Sheinbaum. La diferencia no es menor: se trata de casi diez puntos del PIB que podrían marcar la distancia entre unas finanzas públicas sostenibles y un escenario de creciente vulnerabilidad fiscal.

Crecimiento mediocre, déficit elevado y ausencia de reforma

En el foro Desafíos del Sistema Fiscal en México, organizado por la Comisión Independiente para la Igualdad con Justicia Fiscal (CIJUF), Werner fue contundente: el deterioro no proviene de un accidente, sino de una estrategia fiscal que combina expectativas de crecimiento poco realistas, gasto público expansivo y la negativa política a impulsar una reforma tributaria de fondo.

“Este año la meta era un déficit de 3.9% del PIB y Hacienda ya reconoció que será de 4.3%. Para 2025 anticipan 4.1%, pero con supuestos optimistas de crecimiento y gasto. En año electoral es muy probable que llegue a 4.5%. Bajo ese escenario, México cerraría el sexenio con una deuda entre 58 y 62% del PIB”, advirtió.

El señalamiento refleja lo que muchos economistas han anticipado: el actual margen de maniobra se sostiene sobre la expectativa de que la economía crecerá más de lo que realmente puede crecer.

Pemex: el elefante en la sala

A este escenario se suma un lastre conocido: Petróleos Mexicanos (Pemex). Aunque Hacienda suele excluir parte de su rescate de los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP), Werner recordó lo evidente: esa deuda “se paga como deuda pública”. Es decir, los pasivos de la petrolera siguen representando una carga directa para el erario, aunque políticamente se maquillen en las estadísticas.

¿Sin crisis, pero con desgaste político?

Werner matizó que no prevé una crisis inminente. El país mantiene acceso a financiamiento y estabilidad relativa en sus cuentas externas. Sin embargo, subrayó que la trayectoria actual implica una “transición lenta hacia un problema fiscal mayor”.

La lectura política es clara: mientras el gobierno mantenga mayoría legislativa y control político, puede posponer los ajustes. Pero más temprano que tarde, el costo de esa estrategia recaerá en la siguiente administración y en los contribuyentes, con mayor deuda, más impuestos o recortes de gasto.

La distancia entre la narrativa oficial y la realidad

Mientras los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) 2026 anticipan una deuda contenida en 52.3% del PIB y un déficit de 3% en 2030, las proyecciones independientes pintan un panorama mucho más sombrío. La brecha refleja un problema de fondo: la falta de credibilidad de las cifras oficiales, una práctica que erosiona la confianza en la política fiscal mexicana.


Este escenario confirma que la administración de Sheinbaum hereda los mismos dilemas que López Obrador evadió: cómo financiar un Estado con mayores demandas sociales y productivas sin descarrilar la estabilidad fiscal. El costo de no decidir hoy podría ser una deuda más alta, un crecimiento más bajo y un futuro hipotecado para las siguientes generaciones.

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